Ideas políticas de Maquiavelo

Ya que este breve ensayo sobre Maquiavelo se ha vuelto una de las entradas más visitadas del blog, me he sentido obligado a revisarlo y ampliarlo. Si pasaste por aquí antes, espero que los cambios te dejen satisfecho. Si no, comunícame tus críticas o comentarios para seguir enriqueciendo el texto. Saludos.

Bocetos de una teoría política moderna

Europa entró al siglo XV marcada por dos sucesos naturales imprevisibles: la llegada de la Pequeña edad de hielo, un cambio climático que devino en hambrunas y guerras; y el brote de la Peste negra, una epidemia mortal que diezmó pueblos enteros. Ambos sucesos se dieron en el contexto de la Guerra de los cien cños entre Francia e Inglaterra, la guerra de “Reconquista” de los reinos cristianos contra los musulmanes en la Península Ibérica, y el surgimiento del Imperio Otomano, que se expandía por los balcanes a costa del Imperio cristiano de Bizancio.

El entorno geopolítico favorecía entonces a Italia. Sus reinos prosperaban con el auge del comercio, y sus ciudades adquirían cada vez más independencia política frente al papado, que veía su influencia mermada tanto por los excesos de sus dirigentes como por la incapacidad general de la iglesia católica para remediar la peste y otros males. No obstante, las pugnas entre nobles tradicionales y nuevos burgueses amenzaban reiteradamente el orden y la seguridad de la ciudad. Así fue como el problema de su continuidad y su prosperidad adquirió para muchos no sólo actualidad, sino fundamentalmente relevancia.

Alegoría de la Fortuna o la Calumnia de Lorenzo Leonbruno

En opinión del historiador J.G.A. Pocock, el “momento maquiaveliano”, ese tiempo que dio forma al pensamiento de Maquiavelo, y que a su vez constituyó la suma de sus inquietudes y preocupaciones, puede entenderse como el fruto de un humanismo renacentista cuya prioridad es lo contingente, no lo trascendente; el “momento maquiaveliano” es un rescate de las virtudes cívicas de los romanos, con su ideal republicano, para una nueva época llena de oportunidades.

Maquiavelo por lo tanto es el teórico político del “hombre sin amo”, del nuevo burgués; de aquél grupo de individuos que por sus responsabilidades y ambiciones ya no pueden ser buenos, en el sentido cristiano del término. Lo que llaman en su tiempo corrupción e inmoralidad, Maquiavelo lo define simplemente como “astucia”, que es el uso oportuno de toda clase de medidas para preservar o cambiar un “estado de cosas”.

Con la expresión “estado de cosas”, el florentino hace referencia a una forma de gobierno, monarquía o república, sin hablar sólo del gobierno. Su noción del Estado describe lo que permanece: un orden, un territorio, y un grupo de gente con una forma particular de pensamiento, cristianos o no. A decir de Hannah Arendt, el Estado en Maquiavelo es una comunidad política, y ella afirma su identidad en oposición a los extranjeros. Tanto la iglesia católica como el resto de los reinos cristianos son ahora extranjeros.

Las dos obras más importantes que escribió Maquiavelo tienen distintos propósitos. El Príncipe, por ejemplo, está dedicado al fundador de un nuevo “estado de cosas”, que puede ser príncipe por obra de su astucia, su virtud y su fuerza. Los Discursos sobre la primera década de Tito Livio se dirigen en cambio a quien gobierna un Estado ya consolidado.

Ya hablamos antes de la astucia, de modo que hablaré ahora de la virtud de todo príncipe, que se resume en una sola: inspirar temor. De acuerdo con Maquiavelo, inspirar temor depende casi por completo de uno mismo, y es necesario porque la bondad de los hombres es hija del temor y no del amor. En otras palabras, los hombres, egoístas y perversos por naturaleza, son virtuosos por el temor que les inspira volver a un estado de tiranía. Esta filosofía es semejante a la de Aristóteles y a la de Thomas Hobbes, aunque Maquiavelo apenas la desarrolla, pues su prioridad no es la virtud sino la fuerza, que consiste en la concentración de todo el poder político para su causa, el ideal republicano.

Si miramos de nuevo el “momento maquiavélico”, veremos que el orden tradicional medieval era un lastre para el comercio, con su prohibición de la usura y su condena de todo contacto con el mundo musulmán. Veremos también que el mismo auge del comercio demandaba rutas seguras y libertades comerciales. Muchos monarcas europeos se habían aprovechado de la situación para imponerse sobre feudatarios y corporaciones gremiales y clericales, reclamando sus ejércitos y dando nuevas leyes. Así se iba configurando un nuevo orden más autocrático y expansionista entre los reinos cristianos.

Como diplomático, Maquiavelo estaba al tanto de todos estos cambios. En sus escritos destacan el juicio claro de las posiciones y los recursos de sus adversarios, así como un sentido de la previsión orientado a la concentración del poder político, considerando siempre los alcances y los riesgos de determinadas decisiones. Pero su redacción exagera muchas veces la importancia del poder político como un fin en sí mismo, al igual que el uso de medios considerados inmorales.

Desde la perspectiva del florentino, el auge y la decadencia de un Estado depende de conservar y aumentar el poder político para preservarlo a través del tiempo, por lo que el uso de medios injustos o crueles se encontra justificado. Ya que el gobierno responde a la debilidad e insuficiencia las personas, haciéndose cargo de su seguridad y sus necesidades cotidianas, fortalecerlo requiere de la promoción de virtudes cívicas y morales con leyes justas, o de otro modo la corrupción de esas virtudes será el inicio de su decadencia. El cristianismo para Maquiavelo era una forma de decadencia, aunque no se permite expresarlo abiertamente por temor a la iglesia católica.

A falta de un orden sistemático y coherente, las ideas de Maquiavelo no se consideran filosofía política en un sentido estricto, sino bocetos de una pionera teoría política moderna, que adelanta con éxito la emergencia de los nacionalismos, del absolutismo, del secularismo y de la llamada “razón de estado” para justificar la autoridad suprema de un “poder soberano”, figura común del pensamiento político en lo subsecuente.

Bibliografía

Sabine, H. George. Historia de la teoría política. FCE, México, Cap. XVII.

Strauss, Leo y Cropsey, Joseph. Historia de la filosofía política. FCE, México, 2006.

Arendt, Hannah. Una bitácora para leer a Maquiavelo. Revista Metapolítica, No. 23. México, Mayo-Junio 2002.

J.G.A. Pocock. El momento maquiaveliano. Revista Metapolítica, No. 23. México, Mayo-Junio 2002.

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One Response to Ideas políticas de Maquiavelo

  1. angiiee dice:

    ¡Grasias es exelente me es de bastante ayuda esta informacion!

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