Michael Walzer, igualdad compleja y esferas de justicia

Hoy les comparto este ensayo sobre Las esferas de justicia: una defensa del pluralismo y la igualdad, del filósofo Michael Walzer. Resume algunas de las ideas del autor, y explica su posición sobre la justicia y el igualitarismo, la redistribución, la propiedad y la dominación. Espero lo encuentren estimulante y aleccionador. Saludos.

Hay que atender los reclamos del igualitarismo político

Quien reclama justicia demanda igualdad. Tal es la opinión del filósofo Michael Walzer, cuya propuesta considera como una posibilidad práctica el establecimiento de una pluralidad de regímenes políticos de dominación atenuada, en oposición a un sistema distributivo universal fundado en abstracciones, al modo de su colega y amigo John Rawls.

A Walzer le tomó 10 años presentar una crítica y una alternativa a la teoría de la justicia de Rawls, la cual considera una justificación o racionalización del sistema político contemporáneo. A su modo de ver, es cuestionable que la gente elija los principios liberales de justicia de Rawls, o un conjunto básico de bienes primarios universales, si se les trae de vuelta a sus situaciones particulares de origen, lejos de las condiciones ideales necesarias para llegar a un equilibrio reflexivo (velo de ignorancia y discusión racional). Por ello le parece más adecuado aceptar la idea de un pluralismo de criterios, mecanismos y regímenes distributivos.

Con base en este planteamiento, el problema para Walzer no es la invención de un orden de instituciones universales justas. En vez de ello considera mucho más importante el atender los reclamos del igualitarismo político, abolicionista y emancipador, frente al problema de la dominación y los privilegios aristocráticos, burocráticos, étnicos, sexuales, o bien asociados con el predominio del dinero.

Dominación como control de bienes y justificación

Ya que para Walzer la dominación es consecuencia del control sobre un conjunto de bienes sociales dominantes, la distribución no tiene tanta relevancia como la concepción y la creación de bienes sociales. Después de todo, el valor que le damos a distintas clases de bienes es construido socialmente, en función de su escases o disponibilidad, utilidad o necesidad, etc.

Además, estos significados compartidos otorgan estatus o identidad, por la manera en que se conciben y crean, y luego por cómo se poseen o emplean los distintos bienes sociales. Estos mismos significados también determinan su movilidad, al igual que sus procedimientos o criterios de distribución, aunque difieren entre comunidades por sus particularidades históricas y culturales, y aún entre esferas o áreas de distribución.

En opinión de Walzer, si consideramos como bienes sociales dominantes a todos aquellos cuyo valor es el más alto en una comunidad, encontraremos que:

  1. Dichos bienes generalmente son monopolizados por un grupo o coalición de grupos; y
  2. El valor de tales bienes es mantenido por la fuerza y cohesión de quienes se los apropian en exclusiva.

Como resultado tendremos una clase social dominadora, cuyos miembros se ubican en la cima del sistema distributivo; y un conjunto de bienes dominantes que serán deseados por muchos, y que propiciarán luchas distributivas o conflictos sociales por el modelo de distribución (ya sea que cuestionen a los agentes distribuidores, sus procedimientos, o bien el predominio de ciertos bienes dominantes).

En este punto la imagen de las sociedades humanas como comunidades distributivas se torna fundamental, porque de hecho hay varias formas en las que nos asociamos para compartir e intercambiar o distribuir bienes, a saber:

  1. La aristocracia, en donde los monopolizadores arguyen alguna clase de superioridad en función de su raza (¿sexo?) o su linaje;
  2. La teocracia, en donde hay quienes afirman conocer la voluntad o los designios de lo divino, para luego legitimar sus intereses monopolistas;
  3. La meritocracia, en la que los que se asumen como los más talentosos o calificados justifican así sus intereses monopolistas; y
  4. La oligarquía, en donde quienes poseen más ventajas en situaciones de intercambios libres también construyen monopolios, defendiendo el predominio del dinero sobre cualquier otro bien.

Regímenes de dominación atenuada

Es claro ya que cuando se habla de alguna clase de justicia, el problema es el control monopólico de ciertos bienes dominantes, mismos que otorgan el poder de la dominación. Pero no es fácil sustraerse de soluciones radicales, como la que representa la idea de la igualdad simple o total.

Para Walzer una sociedad que adopte este principio, la igualdad total, sería un mundo hipócrita de falsas apariencias, con individuos obligados a verse y actuar igual y tener lo mismo, vigilados por una élite que simularía en realidad no existir. Por ello tiene más sentido hablar de un régimen de igualdad compleja o de dominación atenuada, en el cual el dominio en una esfera o área de interacción humana no pueda conferir ventajas significativas en otras esferas.

La clave para el desarrollo de un régimen de igualdad compleja o de dominación atenuada, de acuerdo con Walzer, reside en el siguiente principio:

Ningún bien social “X” ha de ser distribuido entre hombres y mujeres que poseen algún bien social “Y”, simplemente porque poseen “Y”, y sin tomar en cuenta el significado de “X”.

Suena bien como norma, aunque la debilidad de toda norma reside en la ilusoria premisa de que no hay nada por encima suyo. Y esto es lo que sucede con el poder político, fundador y transgresor de normas, pues confiere la posibilidad de hacer más severos o flexibles los criterios distributivos, centralizar o descentralizar los procedimientos distributivos, e intervenir o restringir el acceso a otras esferas distributivas.

Criterios de redistribución

Se entiende que los dos grandes mecanismos de distribución históricos son el mercado y el Estado. Bajo estos esquemas, Walzer autoriza sólo el uso de tres criterios distributivos: el intercambio libre, la necesidad y el merecimiento.

Luego al disertar sobre las dificultades para establecer procedimientos basados en estos criterios, Walzer apunta que el intercambio libre no debe ser completamente libre, porque hay algunos intercambios que deben obstruirse, por ejemplo los de seres humanos o cargos públicos; que es imposible establecer un conjunto objetivo de necesidades, pues además de particulares son también subjetivas, y no sólo urgentes; y que el merecimiento exige la definición precisa de atributos o calificaciones, así como el ejercicio imparcial de jueces, dos condiciones que favorecen el establecimiento de monopolios.

A ello se suman las dificultades de determinar a qué población, a qué clase de individuos, y a qué individuos en particular considerar en los procedimientos distributivos que se nos ocurran.

Para ilustrar lo anterior, Walzer selecciona un tema paradigmático: la pertenencia a la comunidad. En teoría la pertenencia es algo con lo que se nace. Ya se posee, así que se la otorga o no a extraños, en función de sus relaciones para con los miembros de la comunidad. Al otorgarse plenamente el bien social de la pertenencia, se confiere también el derecho a la asistencia mutua, al igual que la obligación de la previsión mutua, total o parcialmente (negando la ciudadanía, pero concediendo a todos ellos el estatus de huéspedes).

Sin embargo el problema fundamental es quién autoriza la pertenencia, y bajo qué criterios y procedimientos; el problema fundamental es quién admite y por cuánto tiempo la entrada de migrantes pobres o refugiados políticos (migración forzada), o la entrada de turistas o individuos a quienes les atrae la idea de pertenecer a dicha comunidad (migración voluntaria).

Como esta decisión incide en la composición de una comunidad, ya sea que se busque la homogeneidad y la cohesión o la heterogeneidad y el pluralismo, tiene sentido preguntarse si en este caso en particular importan más los principios o criterios morales de distribución, o la voluntad de los agentes encargados de tal distribución, que suelen ser los monopolizadores “legítimos” del poder político.

El caso revela una observación inquietante: que el monopolio del poder político no puede mantenerse sin el consentimiento continuo de quienes están sujetos a él. Por eso una forma de mantenerlo es a través de la obligación a la previsión mutua, algo que hace de toda comunidad distributiva un Estado de beneficencia a los ojos de Walzer.

  • Si ocurre que el monopolio del poder político se percibe como injusto, quizá los miembros de la comunidad expresen su descontento con los agentes encargados de la distribución (corruptos e inmorales dirán), pero no con los criterios de distribución que la comunidad considera válidos, o con los bienes sociales que se toman por dominantes.
  • Si llega a suceder que la disputa es con los criterios de distribución operantes, en realidad aquí tampoco hay un cuestionamiento ideológico del monopolio del poder político, sino una serie de demandas igualitarias concernientes al número de unidades de bienes sociales a distribuir.
  • Pero si pasa que el eje del conflicto son los bienes sociales dominantes, entonces ya podemos hablar de grupos revolucionarios e ideologías revolucionarias, pues promueven el predominio de otros bienes sociales distintos a los existentes.

A manera de conclusión, Walzer nos recuerda que la meta de un régimen de igualdad compleja o de dominación atenuada requiere el respeto de fronteras entre esferas de distribución particulares. Aunque ser demasiado restrictivos en este aspecto puede resultar contraproducente, ya que entre más restrictivas son las políticas de un régimen, los requisitos de la cohesión y la vigilancia pueden volverse bastante inaceptables, como sucede con las tiranías, y el propósito de todo esto es evitar las tiranías, la dominación total.

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Bibliografía

Walzer, Michael. Las esferas de la justicia, una defensa del pluralismo y la igualdad. FCE, México, 2004.

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