Ejercicio de análisis político: Seguridad en México

Hola. En esta ocasión traigo para ustedes un breve ejercicio de análisis político,  a propósito de la discusión sobre la seguridad y el narcotráfico en México. Pienso trabajar el tema de modo más exhaustivo con el tiempo. Hasta entonces, Saludos…

Seguridad en México

La seguridad de los Estados es un asunto complejo. Comienza con la definición de objetivos nacionales. Luego pasa por la identificación de amenazas externas o internas. A ello le sigue el diseño de medidas preventivas, el fomento de ciertas actividades, la creación de instituciones, políticas públicas, reglamentaciones, etc. Pero todo lo anterior relacionado con un modelo de desarrollo previamente discutido y consensuado, a saber.

Por eso causa tantos problemas el hablar de seguridad en México; hay que tener alguna idea de los objetivos de cada administración. En el caso concreto de Felipe Calderón, hay toda una contradicción de principios entre lo que propuso en su campaña (empleo, seguridad social), y lo que muchos consideran los mayores logros o aciertos de su gobierno, aunque sólo sean aparentes: detenciones de capos del crimen organizado y copiosos decomisos de armamento, dinero y narcóticos. Podría decirse entonces que las viejas amenazas de invasiones militares han cedido su lugar al fantasma del enemigo interno, caracterizado en estos tiempos por el terrorismo y la delincuencia organizada.

Dicho paradigma ha sido promovido por los Estados Unidos desde 2001, como parte de su estrategia global de defensa contra el terrorismo. A grandes rasgos, se trata de la protección y la promoción de sus intereses geopolíticos, ya sea obteniendo el consentimiento de los países aliados a su guerra contra el terrorismo o a su guerra contra las drogas, o a través de la intervención militar de aquellos territorios donde supuestamente se apoya el terrorismo o el narcotráfico.

Según Luis Astorga, coordinador de la cátedra UNESCO “Transformaciones económicas y sociales relacionadas con el problema internacional de las drogas”, la referida guerra contra las drogas fue concebida en sus inicios como una estrategia de Estados Unidos para contrarrestar brotes de insurgencia revolucionaria en el tercer mundo, especialmente en Latinoamérica. Luego, al trasladar su responsabilidad a los países productores, los Estados Unidos propiciaron en ellos un entorno de guerra permanente o de baja intensidad que han sabido aprovechar para vincularse con sus fuerzas armadas, adiestrando a sus milicias y suministrándoles equipo y armamento. En palabras de Astorga, “no se ha ganado ninguna guerra desde entonces, pero ésta se ha hecho permanente, y ha contribuido a hacer más dependientes de Estados Unidos a los países involucrados” (Seguridad, Traficantes y Militares).

La guerra de México contra el narcotráfico

Desde el inicio de su gobierno, el presidente Calderón señaló que el narcotráfico se había convertido en la principal amenaza del Estado mexicano. Habló de combatir la inseguridad pública, de recuperar espacios públicos, de acabar con los cárteles de la droga y de fortalecer las instituciones de seguridad y justicia, así como el Estado de derecho. Envió al Congreso una serie de propuestas legislativas en la materia. Y días más tarde, su administración comenzó a implementar los llamados Operativos Conjuntos entre fuerzas militares y policíacas por varias entidades del país.

Los estados donde los Operativos Conjuntos fueron más publicitados fueron Michoacán (que se extendió a Guerrero), Baja California (Plan Tijuana), Sinaloa (extendido a Durango), Tamaulipas y Nuevo León. Un año después se instrumentó el Operativo Conjunto Chihuahua. En todos los casos, la percepción de inseguridad ocasionada por el aumento en el número (y espectacularidad) de homicidios violentos, motivó el envío de tropas militares, supuestamente para terminar con plantíos ilícitos y efectuar decomisos, cateos y órdenes de aprehensión. Pero de acuerdo con el análisis de Eduardo Guerrero Gutiérrez, investigador del ITAM, la erradicación de cultivos de entonces a 2009 simplemente disminuyó, al igual que el número de decomisos de narcóticos; lo que subió en cambio fue el número de detenciones y de decomisos de armas y vehículos (Nexos, Agosto 2010)

Para Edgardo Buscaglia, especialista en temas de seguridad, el número de armas, vehículos, dinero y drogas decomisadas no parecen significativo, ya que no merma la capacidad operativa de los grupos de la delincuencia organizada. A su modo de ver, la estrategia de México contra el crimen es “una vacilada“, pues las autoridades mexicanas han dado un sesgo a la solución del problema porque el cartel de Sinaloa, el que mantiene el control de más de 40 organizaciones criminales al rededor del mundo, es el que menos bajas ha tenido.

El sesgo que registra Buscaglia puede interpretarse como un error en la estrategia, o como una omisión deliberada. Si fuera lo último, sería comprensible, ya que el tráfico de drogas estuvo supeditado desde sus inicios en México al poder político. Podría decirse entonces que mientras la violencia se mantenga en niveles mínimos o tolerables para la población, el gobierno mexicano probablemente seguirá permitiendo la continuidad del negocio del narcotráfico, cuyas ganancias se estiman en unos 49 mil 342 millones de dólares anuales, cerca del 5% del PIB. Pero la constante disputa por territorios de cultivo y por rutas de trasiego hace difícil este escenario.

Como bien apunta Astorga, el viejo régimen se manejaba con la idea de que el gobierno mexicano era capaz de controlar el fenómeno del narcotráfico sin necesidad de medidas de excepción. No era tan grave el problema en términos de gobernabilidad. Sin embargo, una vez que se fragmentó la estructura que hacía posible ese control, el poder político ya no tuvo la misma capacidad para operar como árbitro en el campo del tráfico de drogas. Los grupos de narcotraficantes adquirieron mayor autonomía, incursionaron en otras actividades delictivas, se expandieron y se multiplicaron, y ahora es muy difícil someterlos (El expansivo poder del narco).

Según un estudio de la Comisión de Desarrollo Municipal de la Cámara de Senadores, en estos momentos el 71% del territorio nacional está bajo control del narcotráfico (Proceso 1773). En más de mil 500 de los 2mil 441 municipios del país, los grupos del narcotráfico ejercen una fuerte influencia, mientras que en 195 ya puede decirse que poseen el control total. La mayoría de éstos municipios son municipios indígenas. No obstante, la Secretaría de Gobernación sólo reconoce haber perdido el control sobre 400 ayuntamientos.

Como muchas de las organizaciones delictivas mexicanas también tienen presencia en otros países, preocupa bastante que el conflicto se internacionalice hasta devenir en el clamor generalizado de acciones inmediatas, ya sea mediante una posible intervención militar bajo el argumento del combate al narcoterrorismo, o bien por medio de la sustitución de la autoridad civil por la militar, lo que conocemos como militarización. De momento la constante sigue siendo la militarización del país, quizá para beneplácito de los Estados Unidos, que continuan adiestrando a las tropas mexicanas, suministrándoles equipo y brindándoles asesoría y ayuda. Porque sólo de este modo quieren afrontar el problema de las drogas, con medidas policiales y estrategias de simulación.

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Acerca de Sergio A. Rodriguez
Quien esto escribe busca hacerlo con pericia, con destreza, y sobre todo con pasión. Tales son las exigencias que impone el periodismo, labor ardua, sufrida, pero siempre divertida y trascendente. Visita mi bitácora: https://anatematicas.wordpress.com

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