Robert Nozick, liberalismo libertario y neoconservadurismo

Hola de nuevo. Para esta tercera entrega sobre el tema de la justicia, abordaré la propuesta filosófica de Robert Nozick, y su crítica a la Teoría de la justicia de Rawls. Su valor y su relevancia tiene que ver con una doctrina política que se ha vuelto hegemónica, particularmente en Estados Unidos; y con un discurso político popularizado por autores como Friedrich Hayek, Murray RothbardAyn Rand y Milton Friedman. Veamos de qué va.

Génesis del libertarismo neoconservador

Robert Nozick, profesor de filosofía por muchos años en Harvard, fue un desencantado del socialismo de la posguerra, en gran medida por la influencia de Ludwig von Mises, economista y escritor liberal. Sin embargo, la Teoría de la justicia de su colega y amigo John Rawls fue todavía más decisiva en la formación de su pensamiento filosófico libertario, al grado en que hoy Nozick figura entre los teóricos del llamado Estado mínimo, y destaca además entre los críticos del igualitarismo, el socialismo, y la justicia distributiva.

Nozick publicó su primer libro – Anarquía, Estado y Utopía –, en respuesta a las ideas de John Rawls, aunque en un entorno intelectual marcadamente de derechas (de apoyo a la propiedad y el libre mercado). Su postura era que Rawls había hecho bien al colocar el tema de la justicia en el centro de sus consideraciones filosóficas, de tal manera que ahora los filósofos políticos debían trabajar con estas ideas, o en todo caso explicarse si es que no lo hacían.

El libro fue bien recibido en Estados Unidos, particularmente entre aquellos intelectuales que se definían a sí mismos como “libertarios”, por su filosofía individualista y pro-capitalista. Algunos de estos personajes fueron el economista Friedrich Hayek, cuya enemistad personal con John Maynard Keynes le llevó a un intenso activismo contra las políticas del New Deal; Murray Rothbard, historiador y economista famoso por su teorías sobre el anarcocapitalismo; y la escritora Ayn Rand, entre otros neoconservadores.

Crítica a Rawls

En Rawls había algo que Nozick desaprobaba: la idea de que en un orden institucional, al buscar mecanismos para compensar o solventar desigualdades, se crearan pautas injustas o autoritarias para ello. Nozick no consideraba justo que se obligara a las personas a poner su trabajo, o los beneficios de su trabajo, al servicio de los más desventajados socialmente. Y le parecía mucho peor admitir este principio frente a individuos que de manera consciente y voluntaria se sitúan en desventaja, especialmente si la naturaleza les había beneficiado más que a otros en talentos o salud.

En la lógica de Nozick, admitir esta posibilidad implicaría que las instituciones atentaran contra los derechos más básicos de las personas; su derecho a la libertad, y su derecho a gozar de los frutos de su trabajo (la propiedad). En otras palabras, afirmar que uno puede tener derecho a que otros nos asistan conduce a este funesto desenlace. Por ello es quizá mucho más adecuado pensar en los derechos como “restricciones laterales frente al individuo” (derechos negativos); como límites que nos impidan mutuamente interferir con los planes de vida que nos damos.

Nozick también opinaba que muchas desigualdades se deben precisamente a que todos nos damos planes de vida distintos, y aún si partiéramos de una situación de igualdad ideal como la “posición original” de Rawls, con el tiempo tendríamos ordenes sociales desiguales, debido en principio la lotería de la naturaleza, luego a nuestras elecciones y transacciones libres, y por último a causa de la invención de una instancia que interviniera para compensarnos (el Estado moderno benefactor).

Llegando a este punto observamos que para Nozick las desigualdades son un hecho inevitable y difícilmente reparable. Pueden reducirse con la cooperación y el altruismo, pero sólo si estas acciones ocurren de manera voluntaria. En cualquier caso:

  • Si alguien nace con algún talento superior al del resto, tiene una ventaja justa.
  • Si alguien obtiene algún beneficio mayor que cualquiera en una transacción voluntaria, el beneficio es justo, aún si el resultado es inequitativo o desigual.
  • Si alguien se niega a beneficiar a otro de manera altruista, por cualquier medio a su disposición, su decisión es legítima.

El propio Nozick teoriza sobre el surgimiento del Estado moderno como un acto colaborativo, a partir de sociedades de ayuda mutua y recíproca protección. Pero nada dice sobre la promoción de valores como la cooperación. A su juicio, lo más importante es la seguridad de las personas, la garantía de que sus propiedades serán respetadas, y la certeza de que sus contratos serán acatados.

El problema de la apropiación

El derecho de propiedad en Nozick es uno de los puntos más débiles de su teoría, pues su justificación del acto de apropiarse de “algo” (como resultado del trabajo propio y de manera exclusiva, al modo de John Locke), descansa en última instancia en dos supuestos absurdos: que siempre quede algo más igual de bueno para el resto; y que dicha apropiación no perjudique a nadie más.

No parece sensato fiarnos de estos argumentos, pues los recursos naturales son finitos, y su calidad además no es siempre la misma. Por tal motivo, apropiarse en exclusiva de un recurso importante (o de una buena cantidad de ellos) no sólo perjudicaría al resto de las personas, sino también a las generaciones posteriores.

Esta objeción lleva a Nozick a reconocer la necesidad de reparar el daño provocado por “adquisiciones o transacciones inadecuadas”, mediante su “principio de rectificación”. Pero, ¿cómo es posible reparar el daño provocado por violentas apropiaciones que costaron vidas humanas? ¿Cómo es posible determinar sin lugar a dudas al propietario original?

De acuerdo con Roberto Gargarella, el “principio de rectificación” de Nozick amenaza con invalidar por completo su idea de apropiación, aunque diga que el usufructo de la propiedad puede traer beneficios colectivos y mejoras en las condiciones materiales de vida. Si los beneficios de los que hablamos no son equitativos, si generarán grandes desigualdades, también pueden dar lugar a relaciones de poder asimétricas, en donde los más beneficiados tendrían los medios para coaccionar los planes de vida de los demás.

De igual forma, en palabras de Gerald Cohen, no hay razón para no considerar como punto de partida una situación contraria, en donde los bienes le pertenecen a todos, y por ello no están disponibles para la apropiación particular.

Aunado a esto tenemos la idea de la utopía en Nozick, que consistiría en un Estado (¿global?) protector de derechos, y en él diversas comunidades cerradas o abiertas a la inmigración y al comercio, pero viviendo bajo modos de vida distintos. Si en una de esas comunidades se admitieran derechos asistenciales, o se negaran derechos básicos, ¿qué haría el Estado? No me parece que tenga mucho caso discutirlo.

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Bibliografía

Nozick, Robert. Anarquía, Estado y Utopía. FCE, México, 1990.

Gargarella, Roberto. Las teorías de la justicia después de Rawls. Un breve manual de filosofía política. Paidós, Barcelona, 1999.

Campbell, Tom. La justicia. Los principales debates contemporáneos. Gedisa, Barcelona, 2001.

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Acerca de Sergio A. Rodriguez
Quien esto escribe busca hacerlo con pericia, con destreza, y sobre todo con pasión. Tales son las exigencias que impone el periodismo, labor ardua, sufrida, pero siempre divertida y trascendente. Visita mi bitácora: https://anatematicas.wordpress.com

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