Ronald Dworkin, derechos en serio e igualdad de recursos

Para esta cuarta entrega sobre el tema de la justicia, abordaré algunas de las ideas del filósofo y jurista Ronald Dworkin, en particular su propuesta de la igualdad de recursos, que viene en su libro Los derechos en serio.

1. Crítica a Rawls

Ronald Dworkin es un filósofo y jurista estadounidense, reconocido en buena medida por su crítica del positivismo y del utilitarismo en el Derecho. Tal crítica se nutre principalmente de John Rawls, de sus ideas sobre un orden institucional fundado en principios morales racionales, plenamente justificados; la clase de orden que cualquiera elegiría de manera hipotética si tuviera la oportunidad.

Y aunque fundamentalmente está de acuerdo con este planteamiento, Dworkin opina que la teoría de la justicia de Rawls es demasiado insensible en lo relativo a las cualidades de cada persona, del mismo modo en que tampoco es lo bastante sensible en cuanto a sus intereses y/o motivaciones.

En su propuesta, Rawls entiende generalmente una desventaja como una carencia de “bienes primarios” (bienes dados por la sociedad); situación que le impide por ejemplo atender que una persona enferma o discapacitada se encuentra en desventaja, a pesar de que el ingreso que perciba pueda considerarse suficiente.

Del mismo modo, Dworkin aduce que no es justo que el producto del trabajo duro de algunos – motivados por la ambición –, sea tomado por el Estado para compensar entre otros a quienes dilapidaron sus recursos, o a quienes decidieron vivir a expensas de los demás. Lo justo en cualquier caso sería que las personas tuvieran la libertad de tomar riesgos, al igual que la opción de retener parte de sus ingresos o sus bienes para asegurarse contra eventuales desventajas futuras.

2. Derechos en serio

El fondo de la cuestión para Dworkin pasa por determinar qué derechos tienen o deberían tener las personas en este momento – no en un escenario hipotético – para luego garantizar que sean tratadas de acuerdo con esos derechos. Su posición es que hay una serie de derechos básicos o fundamentales que tienen que ver con la igualdad y la dignidad de las personas, siguiendo una lógica de igual consideración y respeto.

Esta clase de derechos (deontológicos) se determinan con base en consideraciones éticas y morales, y luego sirven de justificación a otra clase de derechos menos abstractos, los derechos positivos o institucionales (teleológicos); aquellos que establecen las condiciones en las que podemos demandar que nos asistan, y que además prescriben ciertos fines colectivos a alcanzar, según consideraciones políticas.

Si bien es legítimo que por vía de la política se establezcan determinados derechos para alcanzar o preservar un cierto estado de cosas, sobre la base de un fin colectivo, Dworkin señala que es obligación de todos discernir entre derechos fundamentales e institucionales, pues siempre los primeros habrán de tener prioridad sobre los segundos. A esto le llama tomar los derechos en serio.

Y es importante aclararlo, pues es parte de lo que Dworkin le reprocha a la teoría de la justicia de Rawls: que el derecho fundamental a un trato digno e igualitario se subordine al derecho de que el Estado proceda con la redistribución de los recursos materiales.

3. Igualdad de recursos

Dworkin entiende el derecho a ser tratado con igual consideración y respeto como un derecho natural. Su planteamiento es deliberado, pues busca un criterio de alcance universal, que prevalezca a pesar de nuestras diferencias morales, y que al mismo tiempo construya un sujeto universal, dotado de facultades y/o capacidades fundamentales.

Si nos adscribimos a esta idea, tratar a las personas con igual consideración y respeto implicaría asegurarles un conjunto mínimo igual de recursos para que puedan llevar a cabo sus proyectos de vida. ¿Cómo hacerlo? En primer lugar, a través del mercado, para que la propia dinámica de los intercambios establezca qué y cuánto producir; y luego por medio de un gobierno democrático, para regular las decisiones colectivas sobre qué y cuánto producir.

En la propuesta de Dworkin, el único límite que encontrarían tanto el mercado como la democracia, sería el propio derecho fundamental de las personas a ser tratadas con igualdad consideración y respeto. Pero aunque sus ideas sobre un sujeto universal y un derecho natural no dejan de ser atractivas para los liberales, aún queda el problema de la pluralidad en conflicto, y de su modo de valorar los bienes sociales. Además su silencio sobre el problema de la dominación lo encuentro muy elocuente.

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Bibliografía

Dworkin, Ronald. Los derechos en serio. Ariél, Barcelona, 1997.

Gargarella, Roberto. Las teorías de la justicia después de Rawls. Un breve manual de filosofía política. Paidós. Barcelona, 1999.

Campbell, Tom. La justicia. Los principales debates contemporáneos. Gedisa, Barcelona, 2002.

Pereira, Gustavo. Medios, capacidades y justicia distributiva. IIF-UNAM, México, 2004.

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Acerca de Sergio A. Rodriguez
Quien esto escribe busca hacerlo con pericia, con destreza, y sobre todo con pasión. Tales son las exigencias que impone el periodismo, labor ardua, sufrida, pero siempre divertida y trascendente. Visita mi bitácora: https://anatematicas.wordpress.com

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