Fin de siglo

«La sangre derramada clama venganza».

Y la venganza no puede engendrar

sino más sangre derramada

           ¿Quién soy:

el guarda de mi hermano o aquel

           a quien adiestraron

para aceptar la muerte de los demás,

           no la propia muerte?

¿A nombre de qué puedo condenar a muerte

a otros por lo que son o piensan?

Pero ¿cómo dejar impunes

la tortura o el genocidio o el matar de hambre?

            No quiero nada para mí:

            sólo anhelo

            lo posible imposible:

            un mundo sin víctimas.

Cómo lograrlo no está en mi poder;

escapa a mi pequeñez, a mi pobre intento

de vaciar el mar de sangre que es nuestro siglo

con el cuenco trémulo de la mano

Mientras escribo llega el crepúsculo

cerca de mí los gritos que no han cesado

            no me dejan cerrar los ojos

* José Emilio Pacheco

 

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