Participación política

Qué tal. Espero que estén disfrutando estas fiestas de diciembre. Ya seguro están pensando también en sus propósitos para 2011. ¡Ánimo! Una de mis metas para este año es publicar más seguido contenidos para el blog, así que de momento les dejo un breve ensayo para que lo lean y lo critiquen. Reciban de igual modo mis mejores deseos. Abrazos y saludos.

Individuos vs Grupos

¿Es la participación política un asunto de individuos, o hablamos de grupos, asociaciones, organizaciones, partidos?

Dos formas de representación política convergen en un mismo concepto: el ejercicio voluntario de individuos con plena conciencia de sus acciones, y la movilización de personas en torno a una causa que les es parcial o totalmente (des)conocida, e incluso parcial o totalmente ajena.

Ambas realidades se funden con la idea de concretar una serie de objetivos similares: participar de los asuntos públicos, tomar parte en los procesos políticos, influir en quienes ostentan los poder públicos, desplazar o reemplazar a esas personas, y en última instancia, cambiar el status quo, es decir, el Estado y las relaciones que guarda con la sociedad.

La diferencia entre los sujetos de la participación y la movilización política, según Gianfranco Pasquino, tiene mucho que ver con el nivel socio-económico de las personas, aunque toca también los fundamentos de su identidad personal, política y cultural. Si nos referimos al estatus de estas personas, entonces podemos hablar de clases sociales, de roles y funciones sociales, de aspiraciones y recursos diferentes; de situaciones y condiciones distintas de participación y movilización (participación diferenciada y estratificación).

Lo usual entre los teóricos es atribuir la participación política a los individuos con mayores recursos (aquellos que disponen de los medios suficientes para hacerse notar). Del mismo modo, es común que se le asigne a las personas con menor estatus la condición de “movilizados”, aunque la frontera entre las clases suele ser, a primera vista, tan ambigua como la diferencia entre participación y movilización política.

Un modo de acotar la incertidumbre entre dichas categorías es aquél que distingue entre participación y movilización de acuerdo con sus formas de expresión, sean estas legales o extralegales. En este sentido, lo usual ha sido considerar el voto, el derecho de petición, el derecho de audiencia, el derecho de réplica, la militancia política y la protesta individual como modos o tipos de participación política, autónoma y relativamente espontánea. Por otro lado, se ha considerado que la movilización es un acto extrínseco (o heterónomo) cuya manifestación se da en concentraciones masivas, ya sea en mítines, marchas, plantones, o cualquier otro acto de protesta en masa.

También hay quienes dicen, tal vez con cierta ligereza, que para que haya una movilización se necesita un líder político, un individuo que dé voz a las demandas de los ciudadanos; un catalizador que organice el consenso, el apoyo, el disenso o la disidencia. Quizá sea así. De cualquier modo, detrás de cada movilización se crean e instituyen organizaciones políticas, legales o extralegales, que asumen la instrumentación de las decisiones del líder político. O puede ser que suceda lo contrario, que aparezcan organizaciones con programas contrarios a las demandas de la movilización. Después de todo, la militancia en cualquier organización política puede verse de igual modo como un instrumento para modificar las propias oportunidades de vida.

Además, en esas organizaciones pueden participar (voluntariamente) personas de diversas clases sociales, con distintas aspiraciones y distintos objetivos, ya sea con el fin de intervenir activamente, o bien por el deseo de sentirse parte del movimiento. Por eso el problema de la representación política (¿organizaciones o individuos?) queda sin resolverse del todo. La conclusió más obvia es que compete a las dos partes, individuos y grupos, tanto la movilización como la participación. Pero, ¿es así?

Un forma diferente de abordar este problema es la propuesta por revisionistas como Alain Touraine. Porque a su modo de ver, la idea de que las movilizaciones no son sino procesos históricos, encuentra sus raíces en la clásica tesis de la lucha de clases propuesta por Marx.

Para Touraine, las clases oprimidas por el capitalismo se revelan, adquieren conciencia de su situación (empezando por la clase) y se organizan, crean movimientos de carácter histórico, y juntas se confrontan legal o extra-legalmente (muchas veces de manera violenta) con las clases superiores, en defensa de sus derechos y su dignidad. Las clases movilizadas requieren de la organización, pero el sistema político no siempre les provee los medios para que participen en la lucha por el poder público, de modo que el movimiento adquiere diferentes expresiones en cada región, desde asociaciones civiles hasta partidos políticos o guerrillas insurgentes.

Grupos grandes vs grupos pequeños

Hasta ahora se ha hablado de individuos aislados y de grandes grupos de personas, pero han quedado exentos del análisis los grupos más pequeños. Pasquino los alude como grupos de interés o como grupos de presión, a pesar de que la ambiguedad en este rubro es el talón de Aquiles de toda esta teoría.

Por un lado, los teóricos definen los grupos de interés por su presunta naturaleza expectante. No hablan de números, pero sí los contemplan como masas pedispuestas a la participación o a la movilización. ¿Qué razones los predisponen? En principio, la clase, aunque también puede hablarse del estatus o de las identidades que asumen.

Se entiende por otro lado que los grupos de presión son más visibles. Su número suele ser más reducido. Además, están mejor organizados. Utilizan los recursos a su alcance – que suelen ser bastantes –, para influir en los procesos políticos, para incitar la participación y para provocar la movilización según sus fines particulares, acaso exclusivos, aunque presentados generalmente como la voz de un colectivo, independientemente de las diferencias de clase que guarden sus integrantes (como sucede con las reivindicaciones étnicas o los nacionalismos).

Bibliografía

Pasquino, Gianfranco. Participación política, grupos y movimientos sociales, en Manual de ciencia política / S. bartolini… [et al.] ; comp. gianfranco pasquino. Madrid. Alianza, 1986.

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