Comunicación Política y Estrategias de Manipulación Mediática

Qué tal. Hace un rato que no subo algo al blog. Para compensar la desidia – que espero disculpen -, hoy traigo para ustedes un ensayo muy breve sobre comunicación política, a modo de introducción al tema. Todo este mes estaré posteando sobre lo mismo, ya que es lo que estoy viendo en clase por ahora. Espero lo encuentren interesante

Una forma de persuasión

El estudio de la realidad política supone – para la mayoría de los politólogos – el desarrollo de un saber práctico, necesario para la toma de decisiones (vinculantes y obligatorias) de carácter público. No obstante, muchas de esas decisiones tienen que ver con objetivos o metas sobre las cuales no hay consenso, quizá porque no fueron propiamente comunicadas, o tal vez porque se pretende realizarlas en contra de la opinión de quienes se ven perjudicados con ellas, mayorías o minorías. El resultado por lo tanto es la división y el conflicto, y para superar dicho conflicto se utilizan regularmente la fuerza y la persuasión. La comunicación política es una forma de persuasión.

Es común asociar las acciones propagandísticas utilizadas por los regímenes totalitarios del siglo XX con la comunicación política. Después de todo, hablar de comunicación política nos suena a manipulación; a alguna clase de artificio pensado para legitimar a una autoridad en la que pocos confían, o bien, para que todos acepten una serie de medidas sin llegar a cuestionarlas, si pensar en sus consecuencias. Por desgracia, muchos entienden la comunicación política así: como un saber amoral, desprovisto de toda ética; como el arma que no mata porque no dispara sola.

Ironías de la desinformación

Reducida de este modo a un cuerpo simple de artimañas, la comunicación de informaciones sobre asuntos públicos – por parte de una autoridad – evoca Las 10 estrategias de manipulación mediática de Sylvain Timsit, erroneamente atribuidas a Noam Chomsky, e inspiradas en un documento sin firma llamado Armas silenciosas para una guerra tranquila, supuestamente redactado para las fuerzas armadas de los Estados Unidos, pero a fin de cuentas apócrifo. De ahí se desprenden las siguientes “recomendaciones”:

  1. Desviar la atención del público sobre lo importante, a partir un flujo continuo de informaciones irrelevantes que lo distraigan y lo mantengan ocupado
  2. Crear situaciones previstas para causar una determinada reacción del público, a fin de que éste demande las soluciones que usted le presente
  3. Instrumentar medidas inaceptables de manera gradual, de tal forma que pasen desapercibidas
  4. Diferir la ejecución de medidas impopulares, pero dejando claro que son inevitables, para que todos se acostumbren a la idea, y así la acepten con resignación cuando llegue el momento
  5. Utilizar un discurso paternalista que refuerce su posición como autoridad responsable de individuos inmaduros
  6. Apelar a las emociones del público con un discurso sentimentalista, ante el cual sea fácil identificarse
  7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad, restringiendo su acceso a información importante, relevante, de calidad
  8. Estimular al público a ser indulgente y complaciente con la mediocridad
  9. Reforzar la autoculpabilidad, haciendo creer al individuo que es el único culpable de sus desgracias
  10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos se conocen a sí mismos; mantenerlos aislados

¡Pero no sólo ésto es comunicación política! Si lo vemos más ampliamente, hablamos de representaciones simbólicas de todo tipo, que adquieren el carácter de comunicación política en virtud de sus efectos o consecuencias sobre algún asunto de interés público, independientemente de si ésa era o no su intención, y sin que importe demasiado su origen. Lo que en verdad interesa es el mensaje y su impacto.

Disciplina y objeto de estudio

Como objeto de estudio, la comunicación política puede ser abordada desde distintos paradigmas teóricos, enfoques metodológicos o modelos de análisis. Se pueden hacer estudios sobre el análisis de los contenidos de un mensaje (análisis semiótico); sobre la gestión o administración de procesos comunicativos (enfoque organizacional); sobre las mediaciones que pueden presentarse desde la emisión hasta la recepción de un mensaje (principalmente de los medios de comunicación masiva); de las muchas formas de interpretar un mensaje según el contexto de quien lo recibe, etc.

María José Canel nos pone la cuestión aún más simple, ya que presenta seis formas de entender y analizar la comunicación política:

  1. Como acción teleológica, es decir, planificada; con una intención deliberada, y sujeta al cálculo de estrategias
  2. Como acción que comunica valores o criterios éticos, desde una perspectiva axiológica, normativa-prescriptiva
  3. Como una acción afectiva, que apela a las emociones para predisponer comportamientos, respuestas
  4. Como acción rutinaria, forjada en el hábito o motivada por actividades inconscientes
  5. Como acción dramatúrgica; como una puesta en escena en donde todos actúan y observan
  6. Y como acción comunicativa, que para Habermas configura el pensamiento en relación con patrones de interacción social que constantemente reproducimos, pero que cualquiera puede modificar

La comunicación política por lo tanto no es un asunto sólo de autoridades, ya que todos nos vemos inmiscuidos en el juego de la representación de imágenes simbólicas sobre lo que no es común. En otras palabras, todos nos formamos alguna idea sobre algún asunto de interés público; todos opinamos; todos discutimos; y todos actuamos sobre la base de lo que escuchamos o comprendemos. De éso se trata.

Bibliografía:

María José Canel, Comunicación Política, técnicas y estrategias para la sociedad de la información, Tecnos, Madrid, 1999. Disponible aquí.

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